jueves, 6 de diciembre de 2012

Mundos amarillos

Mi hija me regaló un libro hace una semana. Algo que de por si emociona. Emociona mucho.
Una larga dedicatoria emotiva con referencias continuas a mi persona (muchas de ellas excesivas, no merezco tales halagos). El mundo amarillo de Albert Espinosa, bonito título para una novela de ciencia ficción. Hay mucha ficción en este librito.

El libro es demasiado optimista, demasiado feliz, excesivamente irreal y te cuenta un cumulo de circunstancias dónde siempre hay que buscar el lado bonito de las cosas. No va conmigo nada de esto, no creo en la mayoría de las cosas que te cuenta Albert Espinosa.  Respeto y hasta admiro a este hombre. Pienso que su labor como guionista ha dejado interesantes películas como Planta 4º, pero su labor literaria me parece excesiva para mi.

Yo lo siento mucho. A mi me gustaría ser como Albert Espinosa. Tener esa ilusión por la vida y esas ganas de vivir pero no la encuentro. Mal por mi. Pero lo acepto y lo asumo.

Ojalá todos fuésemos un Albert Espinosa. Seríamos todos más felices.

Pero no es tan fácil. Ya nos gustaría.

Quiero remarcar lo que una vez le oí decir a Albert Espinosa. Fue en el programa del legendario Andreu Buenafuente. Decía algo así: 'El amor que no acaba fructificando es (a veces) el más bonito'.


jueves, 15 de noviembre de 2012

Reflexiones de una vida fracasada (V)


Hoy estaba escuchando una canción que he amado durante muchos años. Pero, como siempre en mi vida, he vivido sin darme cuenta de las cosas que se dicen. Ni del porqué se dicen. Ni tampoco del momento elegido para contarlas. Siempre he solido vivir ajeno a la realidad que me rodea. Pero, con el paso del tiempo no puedes evitar darte cuenta de lo que realmente te está pasando. Habría que ser muy necio para no enterarse.

La canción en cuestión es de ese grupo español tan particular que canta en inglés. Dover. Bien, como no entiendo ese idioma que supuestamente domina el mundo no había parado en escuchar las cuatro líneas que se repiten constantemente. La más repetida. La que inicia la canción es I feel so much sorrow on my skin. Me he detenido a pensar un momento. ¿Qué quiere decir sorrow? Pues pena, tristeza, etc.

Esa línea maestra refleja a la perfección el fracaso del mero hecho de vivir. Todo está rodeado de pena y de tristeza. Así me siento realmente. 

CID


Hace unas semanas hablaba de Hija como parte especial de mi vida. Ya avisaba que había más gente que merecía mis escritos. Una de ellas es la conocida como V. Cid. En este caso, resulta obvia, no hay lazos familiares como con Hija. Pero es igual de especial.

Siempre me he divertido mucho con ella. Digamos que tiene un halo especial. La recuerdo sentada en primera fila justo delante del profesor. Ahí, junto a otras dos amigas, parecías siamesas con el mismo rumbo en la vida. Yo, en aquella época, estaba ausente de la realidad, observándolo todo desde la distancia. Pero el tiempo acercaría posturas.

Será que el tiempo lo mueve y lo mezcla todo. Por eso, cuando los años pasan y te conviertes en anciano vas dándote cuenta de muchas cosas del pasado. Al principio V. Cid me llamó la atención por ser bética, algo que ayudaba y que, en el principio de la relación sirvió para fortalecerla. Entonces yo era joven y encontrar alguien con el mismo sentimiento me ayudaba a soportar los traspiés de mi equipo en Segunda División. Aún hoy espero que me lleve a Sevilla, al Benito Villamarín y poder morirme tranquilo y completo.

Yo creo que ella es impulsiva y tiene facilidad para socializar. Hay un numero incalculable de hombres que la han acosado en innumerables ocasiones. La mayoría fracasan y no pueden acercarse a posar sus labios en los de V. Cid (el objetivo de sus vidas y el de muchos). Es una empresa altamente difícil. Yo entiendo que siendo un acosador en difícil triunfar. Por eso, desde aquí, comparto con la sociedad que es mejor no acosar a las mujeres, ellas te van a dar la patada igual. Por lo menos, no hay que arrastrarse.

Tras este inciso sobre la vida vuelvo a hablar de V. Cid, importante mujer en mi vida. Ya sé que hay pocas pero con ella siempre ha existido una complacencia y una confianza casi única. Facilidad de palabra añadiría. Facilidad para poder decirnos cualquier cosa. Facilidad para vacilarle (sin que me odie). Facilidad para hablar de la vida. Facilidad para interactuar en nuestros blogs. Facilidad para disfrutar de la fiesta (cuando la había). Y facilidad para seguir en contacto.

¿Qué me puede atraer de ella? A veces las cosas no son tan fáciles de decir. Suelen ser complicadas. Como la vida. Pero, diría que siempre ha tenido un halo magnético atrayente. Una forma de vida. Y una forma de sentir. Con V. Cid siempre he disfrutado, ha sido como un volcán en erupción: que si te engulle ya no hay salida.

Importante en mi fracasada existencia. Las horas chateando han sido un escape de una vida absolutamente desprovista de sentimientos reales. Gracias por hacerme la vida algo más amena. Veremos que depara el futuro, uno confía en mantener este tipo de relaciones especiales.

Te animo a que sigas escribiendo y nos deleites con todo lo que pasa por esa cabecita. Hasta poder conocerte cada vez mejor.

Sé que eres experta en cobras, pero el amor sigue latente…

martes, 13 de noviembre de 2012

Reflexiones de una vida fracasada (y IV)


Quizás solo queremos ser felices. Siempre se ha comentado. Siempre se ha afirmado. Pero ese paraje idílico es tan sumamente difícil de encontrar.

Un servidor llega a un punto de su vida en el que no encuentra un rumbo que seguir ni ningún objetivo a la vista. Ni nada con lo que ilusionarse. Ni hablemos de felicidad alguna. Ser una persona nada optimista tampoco ayuda. Es cierto, pero creo que digo las verdades que siento en mi profundo ser.

Serán los tiempos que corren pero desde hace unos meses noto un vacío enorme que me recorre todo el cuerpo. Aunque me agarre a un clavo ardiendo se que me voy a quemar. Y lo haré pronto. A lo bonzo.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Reflexiones de una vida fracasada (y III)

He llamado a tu puerta
pero estaba cerrada
y loco por hablarte
he trepado a tu ventana
Y así  un día y otro día
y tú sigues ahí callada
y entonces que me doy cuenta
que para ti no soy NADA.


---------------------------

Que lirica estrofa. Cuánta verdad en tan poco espacio.
¿Para esto vivimos?
Para no ser NADA.
Pues parece que sí.
La gente que más te importa acaba siendo eso, Nada.

Curioso, ¿no? Sí, y nada divertido.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Hija... (I)

Pasa el tiempo y nos quedamos como estamos o como estábamos hace unos años. No avanzamos y nos quedamos atrás. Pero hoy, vamos a ser un pelin optimistas (para que luego se me diga que soy la mayor expresión de la decadencia y el negativismo).

Ya he hablado de que la gente que pasa nuestra vida se va sin decir adiós. Vale, hay gentuza que no merece la pena. Gente que "malmete" sobre los demás. O gente que solo te utiliza de forma absolutamente interesada. Gente que se vanagloria del daño que te hace (y además no se disculpa o lamenta por ello). Si una persona te va a utilizar lo hará hasta el final. Y aunque yo intente cambiarlo es casi imposible.

Pero, quedan resquicios. Hay gente que merece la pena y, aunque, tampoco son multitud son lo poco que hace que la vida valga la pena. Otros días podría hablar de mi "hermano" o de V. Cid pero hoy hablaré de mi hija. Solo de ella.

Hijas no hay muchas. Yo tengo suerte de que haya tenido una hija siendo tan joven. En una inmensa suerte tener una hija que naciera antes que yo. Esas cosas mágicas de la vida hay que saber aprovercharlas. Una hija es una hija. Y solo tengo una (de momento, aunque dudo de que tenga más), así hay habrá que disfrutar de ella.

He tenido suerte. Mi hija no está en el primer grupo de personas de las que he hablado antes. Realmente, es la única persona que me saca de paseo cual perrete callejero. Y eso, en estos tiempos que corren, hay que agradecerlo. Uno está sumido en el ocaso y si no estuviese Hija llamándome un servidor    estaría más cerca de tirarse (por fin) por el acueducto de Segovia. Pero, Hija me saca de mi letargo. Sin ella me hundiría en el fango del sinsentido de la vida.

Aunque yo ya sabía que Hija merecía la pena. Lo sabía desde hacía meses. Antes del fin universitario todo era bucólico pero yo intuía que Hija seguiría apoyando y no diría "Adios, muy buenas". Hija es de verdad, y de las pocas personas en las que uno puede confiar. Yo confío.

El paso del tiempo pone a cada uno en su sitio. Es una frase hecha pero tiene mucho sentido. Como Hija siempre ha sido "genial y fantástica" (como ella dice), el tiempo no tendrá que ponerle en terrenos infernales. Ese paraíso esta reservado para otros.


lunes, 8 de octubre de 2012

Reflexiones de una vida fracasada (y II)


 Las personas pasan por tu vida y, de repente, se van. Muchas veces sin ni siquiera decir adiós. Y, como un estúpido, esperas inútilmente que regresen de alguna forma a tu vida. Lo haces, aún sabiendo, que eso no va ocurrir jamás de los jamases. Al final, solo somos granos de arena que se pierden en el fango sin ningún rumbo. Y, las personas, se pierden porque te das cuenta que realmente le importas a muy poca gente.

¿Cuánta gente te engaña vilmente y se ríe en tu cara y, además, se vanagloria de ello? En el fondo, no tanta gente. El problema es la importancia que puedan tener en uno. Es muy triste darte cuenta de que no le importas absolutamente nada a alguien que es demasiado primordial en la vida de uno.  Eso, te puede llegar a destruir. No por un sentimiento especial sino por el simple hecho de sentirte la persona más fracasada sobre la faz de la tierra.

Por eso, las personas vienen y van. Sobre todo, se van. 

Reflexiones de una vida fracasada


Los sentimientos son muy poderosos. A veces, incluso, devastadores. El problema es no poder atajarlos antes y evitar así un dolor que se extingue con el paso del tiempo.  Quizás, en ese paso del tiempo es donde uno puede recrearse a sí mismo y hallarse como persona y comprender que las cosas, a veces, son más fáciles de aceptar.

Vivimos así; y lo hacemos continuamente. Sería fácil vivir como una ameba o un perro. Tendríamos menos problemas y la felicidad nos visitaría cada día. Pero no, no somos ningún toro ni ninguna vaca, somos lo que somos: personas imperfectas en todos los sentidos. Así vamos creciendo y nos completamos a nosotros mismos poco a poco.

Hay cosas que, sin duda, cuesta mucho entender; muchísimo.