Las personas pasan
por tu vida y, de repente, se van. Muchas veces sin ni siquiera decir adiós. Y,
como un estúpido, esperas inútilmente que regresen de alguna forma a tu vida.
Lo haces, aún sabiendo, que eso no va ocurrir jamás de los jamases. Al final, solo
somos granos de arena que se pierden en el fango sin ningún rumbo. Y, las
personas, se pierden porque te das cuenta que realmente le importas a muy poca
gente.
¿Cuánta gente te engaña vilmente y se ríe en tu cara y,
además, se vanagloria de ello? En el fondo, no tanta gente. El problema es la
importancia que puedan tener en uno. Es muy triste darte cuenta de que no le
importas absolutamente nada a alguien que es demasiado primordial en la vida de
uno. Eso, te puede llegar a destruir. No
por un sentimiento especial sino por el simple hecho de sentirte la persona más
fracasada sobre la faz de la tierra.
Por eso, las personas vienen y van. Sobre todo, se van.
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