lunes, 21 de enero de 2013

Repaso a mi vida


El sábado 12 de enero de 2013 alrededor de las dos horas y quince minutos de la tarde hice esta foto. Acababa de regresar a mi ciudad natal. La razón. Un funeral.


Llevo unos días pensando en la muerte.  Cuando ves un cadáver dentro de un ataúd y le das un beso en la frente al cuerpo un escalofrío recorre todo tu cuerpo. Te despides de esa persona y piensas ¿realmente vale la pena todo esto? Vivencias de este tipo le ayudan a uno a pensar si lo que está haciendo con su vida merece la pena.

Yo sé que en mi vida (en este caso) no merece la pena soportarla. Pero sí que te haces a la idea que a un servidor le gustaría llegar a la caja habiendo vivido una vida con algún momento de felicidad real. Recalco lo de real porque las mentiras poblan nuestro mundo. 

Al final todo se reduce a poder recordar momentos que hayan tenido algún valor REAL.

Cuando ves la muerte a un palmo de tu cara te das cuenta que llegar a ella con una vida de mierda es lo más triste que te puede pasar. Sé que esto último no ha quedado muy poético pero las cosas claras y el chocolate espeso.

Miraré al pasado. ¿Qué tengo en mi vida que merezca la pena? Es una pregunta muy interesante que todos deberíamos hacernos alguna vez. ¿En cuanta gente puedo confiar realmente?

Amigos de verdad, realmente hay pocos. Quien diga que tiene un poblado entero miente o confía en demasiada gente. Yo en este blog ya he dedicado espacio persona de confianza: Vera Cid, Hija… Aparte de ellas también puedo confiar en cierta rubia con la que comparto en intimidad El imperio de los sentidos con sus escenas subiditas de tono; también en la mezcla más curiosa de alemán y primo de tenista que llegó hasta las semifinales del Open del Australia en el 2009, y mi compañero de batallas, de nocheviejas estrambóticas y de trabajos finales de carrera (con sus respectivas horas en el despacho de Víctor Arranz).

Todo esto puede formar una vida plena realmente. Ahora me paro a pensar en momentos destacados en mi vida. Mi mente naufraga un poco y se queda a la deriva en medio del mar. No sé que pensar. ¿En viajes? Si voy al extranjero me estampo con el coche y casi acabo en el ataúd que describo al principio. Puedo huir a una isla del mediterráneo. Pero dudo de que guarde algún buen recuerdo de cierta islote opaco.

No sé. Es complejo. Los mejores momentos de mi vida quizá fueron en la primera mitad del año 2007 hasta julio, donde con el paso del tiempo mis recuerdos son más verdaderos. En aquellos tiempo estaba con gente íntegra. Tenía un grupo de amigos compacto sin fisuras. Con la distancia he perdido el contacto pero los reencuentros siempre tienen emotividad.

Con la universidad vino me declive. Tiré tanto años a la basura que ya no los recuerdo. Hubo de todo a partir del año 2011. Conocí a mi propia hija, pero por el camino gente desagradable y desalmada entró en mi vida sin llamar a la puerta. Grandes fiestas, momentos para el recuerdo (ese primer viaje para ver a Kaotiko en Segovia).
Pero todo es negrura realmente. No queda un ápice de verdad. Solo me sentí bien al final de la etapa universitaria. En el último curso escogí con quien socializar y me fue mejor. Sabía donde husmear y de quiénes huir. Lo que ocurre es que al final de todo se tuerce. La primavera del 2012 llegó de golpe y me rompió todos los esquemas que tenía en mi sufrida mente.

Ya no hay lamentos que valgan. Miremos al futuro aunque esté más negro de lo que nos podamos imaginar.

Acabo rememorando una isla.

En 2009. Menorca


Y en 2012. Días muy distintos. 
Como me dice hija. ¿Cuándo vamos a Mahóóón?
Bueno, siempre me quedara Mahón ¿o no?

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