El sábado 12 de enero de 2013 alrededor de las dos horas y
quince minutos de la tarde hice esta foto. Acababa de regresar a mi ciudad natal. La
razón. Un funeral.
Llevo unos días pensando en la muerte. Cuando ves un cadáver dentro de un ataúd y le
das un beso en la frente al cuerpo un escalofrío recorre todo tu cuerpo. Te
despides de esa persona y piensas ¿realmente vale la pena todo esto? Vivencias
de este tipo le ayudan a uno a pensar si lo que está haciendo con su vida
merece la pena.
Yo sé que en mi vida (en este caso) no merece la pena
soportarla. Pero sí que te haces a la idea que a un servidor le gustaría llegar
a la caja habiendo vivido una vida con algún momento de felicidad real. Recalco
lo de real porque las mentiras poblan nuestro mundo.
Al final todo se reduce a poder recordar momentos que hayan
tenido algún valor REAL.
Cuando ves la muerte a un palmo de tu cara te das cuenta que
llegar a ella con una vida de mierda es lo más triste que te puede pasar. Sé
que esto último no ha quedado muy poético pero las cosas claras y el chocolate
espeso.
Miraré al pasado. ¿Qué tengo en mi vida que merezca la pena?
Es una pregunta muy interesante que todos deberíamos hacernos alguna vez. ¿En
cuanta gente puedo confiar realmente?
Amigos de verdad, realmente hay pocos. Quien diga que tiene
un poblado entero miente o confía en demasiada gente. Yo en este blog ya he
dedicado espacio persona de confianza: Vera Cid, Hija… Aparte de ellas también
puedo confiar en cierta rubia con la que comparto en intimidad El imperio de los sentidos con sus
escenas subiditas de tono; también en la mezcla más curiosa de alemán y primo
de tenista que llegó hasta las semifinales del Open del Australia en el 2009, y
mi compañero de batallas, de nocheviejas estrambóticas y de trabajos finales de
carrera (con sus respectivas horas en el despacho de Víctor Arranz).
Todo esto puede formar una vida plena realmente. Ahora me
paro a pensar en momentos destacados en mi vida. Mi mente naufraga un poco y se
queda a la deriva en medio del mar. No sé que pensar. ¿En viajes? Si voy al
extranjero me estampo con el coche y casi acabo en el ataúd que describo al
principio. Puedo huir a una isla del mediterráneo. Pero dudo de que guarde
algún buen recuerdo de cierta islote opaco.
No sé. Es complejo. Los mejores momentos de mi vida quizá
fueron en la primera mitad del año 2007 hasta julio, donde con el paso del
tiempo mis recuerdos son más verdaderos. En aquellos tiempo estaba con gente
íntegra. Tenía un grupo de amigos compacto sin fisuras. Con la distancia he perdido
el contacto pero los reencuentros siempre tienen emotividad.
Con la universidad vino me declive. Tiré tanto años a la
basura que ya no los recuerdo. Hubo de todo a partir del año 2011. Conocí a mi
propia hija, pero por el camino gente desagradable y desalmada entró en mi vida
sin llamar a la puerta. Grandes fiestas, momentos para el recuerdo (ese primer
viaje para ver a Kaotiko en Segovia).
Pero todo es negrura realmente. No queda un ápice de verdad.
Solo me sentí bien al final de la etapa universitaria. En el último curso
escogí con quien socializar y me fue mejor. Sabía donde husmear y de quiénes
huir. Lo que ocurre es que al final de todo se tuerce. La primavera del 2012
llegó de golpe y me rompió todos los esquemas que tenía en mi sufrida mente.
Ya no hay lamentos que valgan. Miremos al futuro aunque esté
más negro de lo que nos podamos imaginar.
Acabo rememorando una isla.
Como me dice hija. ¿Cuándo vamos a Mahóóón?
Bueno, siempre me quedara Mahón ¿o no?


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