martes, 4 de junio de 2013

Graduaciones y demás historias

 Junio ha llegado. A mi mente han venido recuerdos con la llegada de este mes. El comienzo del calor. Estamos en 2013, un año de mierda. Pero, recuerdo el junio de 2012. Y mi memoria, muy hábil, reconstruye una época pasada que tuvo buenos momentos y que ahora, un año después, vuelve a mi maltrecha cabeza.


Hay cosas que se repiten en esta primera semana de Junio. Contemplo las rondas finales del Roland Garros ansiando la victoria de Rafa Nadal sabiendo que el momento de mayor felicidad del año solo me lo puede dar el tenista balear. Este 2013 lo veo muy jodido. Tengo más miedo a Novak Djokovic que el gallego franquista de Fraga a los condones. En aquella semana acabó la vida universitaria con la graduación como colofón final. Viernes 8.

Aquel día se supone que tiene que ser legendario y grandioso, etc. A un año vista pienso que fue un fracaso tremendo. Y de nada sirve que saliese de mi casa a las 15 horas del viernes y volviese a las 23 del sábado. Dicho así parece que fuese la fiesta más salvaje y la orgía más memorable de mi vida. Pero todo muy lejos de la realidad.

Lo único que une todo esto es Nadal. El viernes se jugaban las semifinales del grand slam parisino. Sobre las 13.00 comenzaba la primera semifinal entre  Rafa y David Ferrer. Andaba algo jodido porque tenía que largarme de casa pronto para llegar a Mordor. La tierra de Sauron era el lejano lugar donde había que ir a escuchar al Señor Rector y demás ultra católicos sectarios. Pero Rafa apalizó de tal forma a David que pude ver el partido completo. “No puede empezar mejor el día”, debí pensar.

Mi camino seguía los pasos establecidos. Con mi compañero (y amigo) del alma y algún que otro intruso fuimos en su coche hasta Mordor. Una vez allí, no había ningún Monte del Destino solo tíos trajeados y tías con vestidos fardando de estar buenas. Recuerdo mucho calor y que Nacho me informó de la victoria de Djokovic sobre Federer en la segunda semifinal. “Estamos bien jodidos”. Pero, en aquel momento poco debió importarme. Al fin y al cabo, íbamos a licenciarnos y pegarnos la fiesta padre. ¡Qué importa el tenis!

En el fondo todo aquello era un paripé. Un decano idiota. Un gordo gallego , el director del panfleto fascista del Abc, diciendo absurdeces. Un rector creyéndose el Papa de Roma. Y, nosotros, con nuestras banderas grises en nuestros pechos. Grises como mi vida y como casi todo lo que hubo esa noche.

Creo que el mejor momento de todo la noche fue cenar con Jaime y con Lorena. Y alguien más que había por allí. Fue, a tiempo vista, el momento más real, sin falsedad alguna. Luego se fueron sucediendo hechos. Y, sobretodo, litros de alcohol. Pero, joder, era una noche para celebrar.

¿Para celebrar? ¿Era realmente una noche para festejar? Supuestamente sí. Pero casi nada queda de aquello. Todo era burbuja irreal. Aquella noche estabas rodeado de gente desconocida en una discoteca pequeña, cutre, dónde caminar era una misión altamente complicada. Solo se festejaba el final de una época. Aquí os quedáis y espero tener la suerte de no ver de nuevo vuestros caretos falsos.
Por eso, un año después, puedo afirmar que la fiesta de mi graduación universitaria fue uno de los días más lamentables y estúpidos de mi vida. Una sucesión de hechos que no llevaron a nada. Si hubiese vuelto a mi casa a la hora debida igual hubiese sido una noche divertida, con alcohol, y con tres o cuatro amigos de verdad.

Los días posteriores a ese viernes 8 de junio fueron terribles estaba tirarme al fuego y a la lava del ya citado Monte del destino. Lo único que me quedaba era la final del Roland Garros. Aún recuerdo mi cara y mi sufrimiento cuando Djokovic remontó un partido que llevaba perdido. Gracias a la lluvia el partido se complicó. Yo andaba buscando una soga para decir adiós a este mundo hasta que suspendieron el partido iniciado el cuarto set.  Rafa ganó los dos primeros, Novak el tercero. La lluvia aplazó el partido para el día. El lunes 11 de junio de 2013 se decidió todo.

Digo todo esto porque lo único bueno de aquellos días fue el resultado de la final. Ya sé que es triste mi vida. Eso está aceptado desde tiempos inmemoriales. El tiempo dicta sentencia. La graduación y todo aquello fue una soberana mierda. El culmen de una vida fracasada. Así que me refugié en Rafa. Algo es algo, ¿no?







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